Artículos de Prensa
122011Flamenco TV - Felipe Mato y Jesús Corbacho, baile y cante de nivel
Son dos artistas que acuden allá donde les llaman. Dos jóvenes valores del flamenco que buscan paso a paso su hueco en el mundo jondo. Felipe Mato (bailaor) compagina sus actuaciones flamencas con la docencia. Jesús Corbacho anda embarcado en su trabajo discográfico 'Debajo el romero'. Ambos compartieron sus experiencias con Flamenco TV, el día que participaron en el II Ciclo Punta-tacón (Samaruco).
032006Magazine Flamenco World
El flamenco despierta curiosidad, suscita preguntas. ¿Cuándo se origina? ¿Quién lo crea? ¿Dónde? ¿Qué fue antes: el baile o el cante? Y con tal de no abrir las páginas de uno de los muchos sesudos libros que teorizan sobre tales cuestiones -ninguno traducido más allá del español-, muchos se enteran de oído y rumor de las respuestas.

He aquí que José Luis Ortiz Nuevo y un joven cuadro flamenco liderado por la bailaora Ángeles Gabaldón, se disponen a ponerlo fácil con el recital didáctico ‘Érase una vez el flamenco’. A partir de los hallazgos fruto de sus inmersiones en la hemeroteca de Sevilla, Ortiz Nuevo ha hilado una narración que recita y pregona, a la que da la réplica el baile, el cante, el toque y el compás. A veces son sólo pinceladas, otras son piezas completas, como los estéticos tientos de Ángeles Gabaldón. Cita antiguas noticias de prensa, rescata leyendas transmitidas por personajes del flamenco como Pericón de Cádiz, fantasea con los hechos, extrae referencias clave como la frase de Stravisnki: “Aunque pueda parecer anárquico, el flamenco está sujeto a la exactitud”. Es decir, ofrece informaciones fundamentales pero adornadas y en superficie para que, como ya avisó, “las personas que no conozcan el flamenco, salgan con la curiosidad”. Todo un acierto es la proyección de todo el guión subtitulado en inglés y japonés, fundamental en un festival de público internacional.
112005After Hours
Cada "palo" del árbol del flamenco expresa un sentimiento y hay tantos como compleja es el alma humana. No es de extrañar, entonces, que sea este estilo de baile el elegido para describir el día a día de dos que a veces quieren ser uno y otras, estar juntos pero no revueltos.
En una escenografía tan cotidiana como una mesa y dos sillas, contrasta la estética flamenca, en especial con el vestido negro y largo de Dauphin, roto por el color de los zapatos y las flores. Los elementos escenográficos acotan y focalizan en pequeñas zonas el espacio más amplio, que ocupa aproximadamente la mitad de la extensión del patio del Baluarte. Esto permite a los intérpretes jugar con el encuentro y el desencuentro, mostrando el contraste o la paradoja entre el espacio físico y el espiritual pues, a veces, el "bailar pegados", como sucede cuando usan la mesa como tablao, genera conflicto y separación.
El compás marca el ritmo de la discusión y del malentendido continuo, de la fusión y la desintegración, pues sólo hay un paso del amor al odio. La banda sonora está compuesta por un número variado de composiciones de diversos orígenes y estilos e, incluso, por ruidos o fragmentos sonoros no musicales, mientras que la coreografía es fundamentalmente flamenca, aunque estilizado con un barniz de contemporáneo y sazonado con unas gotas de baile latino, entre otros ingredientes. Todo esto, unido a la circunstancia de dos artistas de diferente nacionalidad, otorga al flamenco la categoría de patrimonio de la humanidad, aunque no lo consiga por vía oficial.
102005La Frescura de la nueva Creación
El recién inaugurado Mes de Danza es una especie de collage de sorpresas en las que, sobre todo en los espectáculos de calle, ofrece en ocasiones verdaderos momentos para reseñar. Y es que el ciclo Huellas, danza en paisajes insólitos es quizá el que nos hace descubrir a intérpretes y creadores que están, o bien en su plena madurez, o como en este caso, en una frescura creativa que merece la pena poner en estas líneas.
Pese a que en otras ocasiones el Mes de Danza es como un zahorí de la lluvia (la atrae sin cesar), el día de ayer la cosa no pasó a mayores y el cielo se volvió azul para recibir en la plaza Virgen de los Reyes a Marco Vargas y Chloe Brule-Dauphin, un sevillano y una canadiense que pusieron en escena, o mejor dicho “en la calle”, “Las 24”, un dúo sobre las reflexiones de la vida en pareja.
Si la cosa empezó a funcionar casi como algo exótico bajo la tópica mirada de La Giralda y unos cuantos turistas despistados, además de los amantes de la danza de siempre, acabó sin embargo con cerca de trescientas personas alrededor de los bailarines-bailaores.
El montaje es simple, una mesa, con dos vasos de gazpacho y dos sillas una enfrente de otra. Ellos son bailaores de flamenco, pero cada uno ha hecho sus pinitos en otras disciplinas.
El collage musical integra todo tipo de música, comenzando por la canción francesa más sagrada hasta el flamenco, que finalmente y como sorpresa, interpreta en vivo David palomar. La coreografía es vivaz, tiene momentos de ternura, de amor, de desamor, de fascinación e incluso de broma. La ejecución del zapateado a dúo en una mesa puesta boca abajo es uno de los mejores movimientos de la obra.
Ambos intérpretes se desenvuelven bien en los portés que ejecutan, en los rasgos contemporáneos que integran el montaje, que siempre rezuma estética flamenca, pero que se desarrolla también entre los ritmos latinos de un collage musical muy bien elegido.
Fue sin duda el día, el sol, el lugar y, por supuesto, la obra, pero da mucha alegría contemplar la frescura de la nueva creación.
.2005Reseña Magazine Festival Düsseldorf (deflamenco.com)
Durante la Semana Santa se celebra en Düsseldorf el Festival Internacional de Flamenco, que en 2005 llegaba a su X edición. Un Festival en el que participan compañías españolas y alemanas y en el que en cada edición se preparan al menos dos grandes espectáculos con las mejores compañías del momento. En otras ediciones han participado Belén Maya, Javier Barón, Rafael Campallo,...


Para la X edición se confeccionaron varios espectáculos, y por su puesto la celebración de cursos intensivos de baile y guitarra, para los que en esta edición había 270 alumnos inscritos.
Tanzhaus (Düsseldorf) es una casa para la danza en la que se puede pasar un día completo entre los grandes estudios donde se celebran los cursos, el mercadillo de flamenco que se establece durante la Semana Santa -donde se puede comprar todo tipo de artículos para el flamenco-, además de un gran bar -restaurante. Todo ello en este fantástico Tanzhaus (casa para la Danza).
Para el cierre de este Festival se ha estrenado la obra de la Compañía Felipe Mato, FLAMENCO: MADE IN SPAIN, una obra moderna y sobre todo experimental, que ha contado con la bailaora invitada Ángeles Gabaldón.
La obra ha resultado un éxito absoluto de público, con las entradas agotadas con 4 semanas de antelación. La participación del guitarrista Daniel Méndez, una auténtica excepción en la guitarra actual, junto con la guitarra de Óscar Lago, los cantaores Vicente Gelo y David Palomar, y la percusión de Antonio Montiel, resultó ser una noche de flamenco moderno y experimental, y sobre la que hay mucho que reflexionar, en primer lugar la edad de todos los artistas, que ninguno supera los treinta años de edad, a lo que hay que sumar la concepción del baile del bailaor Felipe Mato, que para abrir boca interpretó un baile con capa. Y en una concepción tan moderna para el flamenco, hubo lugar para una solea intensa, tradicional, redonda, que puso al público en pie y que obligo a los artistas a saludar hasta 4 veces.
Además de los lucidísimos bailes de Felipe Mato, la bailaora Ángeles Gabaldón se metió al público en el bolsillo nada mas salir, y es que su baile, sus alegrías con la bata de cola, pusieron el contrapunto para decir aquí esta Sevila, y así se baila allí.
Una noche de flamenco excepcional, intensa y una guinda para este fantástico Festival que ya cumple 10 años.
En el transcurso del Festival hay que destacar la participación del bailaor jerezano Andrés Peña, que brindó una noche de flamenco auténtica, con un atrás de gran renombre (Mercedes Cortés, Luís Moneo, Luís de la Tota y la guitarra divina de Patino), un cuadro de Jerez.
Entre lo tradicional ofrecido por este bailaor jerezano y lo moderno deFlamenco: Made in Spain transcurrió un más que lúcido X Aniversario del Festival Internacional de Dusseldorf.
052004El Arte del Ritmo Sosegado
Se ha encontrado la originalidad de un repertorio inhabitual. El espectáculo se presenta pulcro, sin ciertos excesos. Sin abusar de las subidas de ritmo. Transcurre con el ritmo sosegado del arte de Gabaldón. Despacio, sin sobresaltos. Con la emoción controlada. Distante y suave, sutil, seguro.
Muy elegante. La titular intervino tres veces. Tres estilos poco frecuentes. La zambra abrió la noche. El ritmo caracolero llevado hasta la mismísima emulación de su dúo clásico, Flores-Caracol, que dio nombre a un anís de Rute. Aquí Caracol es Palomar, que puesto en pie le canta con las manos crispadas. Aquí Flores en una Gabaldón más dinámica y escurridiza de lo que estamos acostumbrados a verle. Gabaldón-aldabonazo en la farruca, ese baile de hombre. Los giros de muñeca hacia fuera. Las figuras, exactas. Los silencios. Un amplio despliegue técnico, incluido el largo zapateado. Y la petenera: el amarillo para exorcizar el gafe. El manto. La bata de cola. Más clásico imposible. Estilizadísima. Serenísima. Más reticente que nunca. La emoción contenida. La emoción del mantón sobrevolando la escena. La bata de cola transformada en un ser vivo, dinámico. Una de las más interesantes bailaoras de nuestro tiempo. Sobria, si. Sobria.
Fuster vino del norte a bailar la serrana. Vestirla de nuevo, de limpio. Actualizarla. Incorporar pasos nuevos, aires nuevos. Hizo un baile pleno de dramatismo y con remates muy sentimentales. Un atrevimiento que remató, a ritmo, con la seguiriya de María Borrico. Volvió en el fin de fiesta para demostrar que sobre el drama, también le sobra frescura y para enfrentarse a los “dos hombres a la vez” al ritmo del Corazón loco, del clásico bolero en la voz de Palomar. Los hombres, que ofrecieron un paso a dos frenético, sobrado de compás y técnica.
Diario de Sevilla / 7 Mayo 2004 Juan Vergillos
042004Harmattan estrena su novedosa apuesta por un flamenco sin fronteras
El grupo, integrado por músicos como Daniel Méndez y Jallal Chekkara, debuta en el Teatro Alameda de Sevilla el 23 de abril de 2004. Ocho jóvenes artistas flamencos con ganas de riesgo se unen en un novedoso proyecto que toma por nombre Harmattan, como un viento del desierto. La mayoría de ellos forman parte del elenco de la compañía de la bailaora Ángeles Gabaldón, entre ellos, el guitarrista Daniel Méndez, el músico y cantaor marroquí Jallal Chekkara y la bailaora inglesa Nicolia Morris.
Guitarra, violín, laúd, percusión, chelo, bajo, teclados, cante y baile se funden para "merodear por las fronteras del flamenco". Harmattan habla, sin tapujos, de fusión y de mestizaje. El estreno de esta propuesta, que busca la frescura de la improvisación, tendrá lugar el 23 de abril de 2004 en el Teatro Alameda de Sevilla. Y de ahí, al mundo.
La música de 'Inmigración' de Ángeles Gabaldón ya da una pista de por dónde camina Harmattan. El nuevo grupo de flamenco mestizo, producido por Taller Flamenco y Booking Flamenco, enlaza las aportaciones melódicas y musicales norteafricanas con el flamenco de todos los estilos, sin renunciar a otras influencias musicales. El cante y la guitarra se enmarcan en un universo musical plural, a cuyo servicio se pone el baile. Y es que el proyecto se define como "un taller de música en directo" que habla de riesgo, de libertad, de sorpresa.
El grupo está encabezado por el guitarrista Daniel Méndez, músico natural de Morón que, actualmente, forma parte del elenco de la compañía de Antonio Canales y que compuso gran parte de la música de 'Inmigración'. A la guitarra estará también Óscar Lago, músico gaditano que ha trabajado acompañando a artistas de la talla de Adrián Galia, Miguel Poveda o Javier Latorre. El otro pilar de la compañía es Jallal Chekkara, descendiente de una saga de músicos de Tetuán (Marruecos) a cuya cabeza está su tío Abdessadak Chekkara, director y fundador de la Orquesta Chekkara de Tetuán. Este músico toca el violín y el laúd, compone, investiga las 'nubas' y ejerce como cantaor, mostrando la cercanía de las dos orillas del Estrecho de Gibraltar.
El 'cuadro' se completa, en lo musical, con el percusionista sevillano Antonio Montiel, en cuyo currículo destacan las colaboraciones con la Compañía Andaluza de Danza, Eva Yerbabuena o Andrés Marín. Del cante se encarga David Palomar y Ángel Morilla de instrumentos como el chelo, el bajo y los teclados.
De dar pinceladas de movimiento a toda esta música va a ser responsable Felipe Mato, un bailaor sevillano que ha despuntado en las compañías de Mario Maya y de Ángeles Gabaldón. A su lado, como artista invitada, estará Nicolia Morris, bailaora londinense de color que ha participado en espectáculos flamencos como 'La metamorfosis' de Israel Galván o 'Inmigración' de Ángeles Gabaldón.
Harmattan se va a presentar en público por primera vez el viernes 23 de abril de 2004 en el Teatro Alameda de Sevilla. La actuación cerrará el ciclo 'El flamenco que viene' de la Universidad de Sevilla, con un cartel en el que también sobresalen el guitarrista Diego de Morón, la cantaora Carmen Grilo y el pianista Sergio Monroy. El grupo ya prepara próximas presentaciones internacionales.
032004Deflamenco
Llega el momento de acabar con la intriga. Bajo el título de Harmattan se esconde un formidable montaje que había conseguido crear una enorme expectación en el público. Seis artistas jóvenes se reparten el escenario conjugando frescura y una agradable mezcla de sabores musicales de procedencias distintas. Bien conocidos son ya los experimentos del flamenco con la música andalusí, pero sorprende este nuevo encuentro por la naturalidad con la que conviven y la perfecta compenetración entre los músicos.
Abre el programa la rumba y comienza la arriesgada apuesta de sostener un espectáculo básicamente instrumental. Jallal Chekkara alza su quejío árabe, “profundamente flamenco”, y hace sonar el violín como si estuviera improvisando cada nota. Arremete la seguiriya sentida y llora la guitarra de Daniel Méndez, que encaja con maestría en composiciones con ciertos matices modernos. Las melodías creadas por este moronense traspasan con creces los límites de un simple aficionado.
Una sonanta dulce, limpia, sin excesivos alardes de virtuosismo, que deja para la ocasión oportuna las filigranas con las que otros adornan cada segundo de música. Memorable su breve interpretación con el laúd al Compás nazarí, gratificada luego con los aplausos impacientes de un público agradecido.
Antes, un solo de percusión donde tienen lugar los lucimientos de Antonio Montiel y especialmente el de la bailaora negra Nicolia Morris. Felipe Mato queda a la sombra, ante la impresionante figura de Nicolia, que arrasa en las tablas con sus contoneos raciales, el gesto y la forma de mover los brazos, amén de la sensualidad que rebosa y la fuerza con la que clava sus tacones en el suelo.
Tras los jaleos que ya interpretara Daniel en el espectáculo Inmigración, David Palomar se atreve con un bolero, quizás animado por el éxito que han tenido Diego “El Cigala” y Bebo Valdés. No consigue grandes proezas pero el público lo valoró: no coincidimos en los pareceres. Luego unos magníficos tangos, la soleá y el fin de fiestas por bulerías: Caliche, capota y alcayata. Muy graciosa la pataíta de Montiel. Un derroche de arte.
Viento del Desierto
Kiko Valle
032004Sevilla acoge el estreno de Taller Flamenco, de Ángeles Gabaldón
Según va a dar hoy a conocer Maria Angeles Gabaldón en la rueda de prensa que se celebrará en el Centro Andaluz de Flamenco, sera el Centro Cultural El Monte de Sevilla quien acoja mañana Taller Flamenco, el nuevo estreno de la bailaora sevillana, la cual acaba de darse a conocer con Inmigración, montaje galardonado con el premio nacional de los críticos a la mejor obra flamenca.
Con su nuevo montaje, surge una experiencia que mete al flamenco en una especie de laboratorio artístico, en torno al cual se han organizado varios grupos de trabajo o talleres en los que se ha dividido la compañía, todo ello bajo la dirección del joven Fernando González-Caballos. Una de las mentes más inquietas en el panorama jondo de hoy.
En cualquier caso, de manera más concreta, este espectáculo pretende recurrir a la recuperación de una serie de estilos que en los últimos años ha caído en desuso. La zambra, la guajira, la farruca, la serrana, la petenera, jalonan una obra, que pese a recurrir a estilos tan clásicos como los citados, expone una visión contemporánea del flamenco con todas sus consecuencias.
En tal sentido, Gabaldón se presenta como una bailaora incondicional de la escuela sevillana a la antigua usanza –que no bailarina- y de una elegancia extrema, con empaque y porte para describir las especificidades del baile de siempre, ora luciéndose con el mantón y la bata de cola, ora clarificando matices con los brazos, pero siempre adscribiéndose al cante, algo que parece estar en desuso.
María Angeles Gabaldón, que en 2002 logró el premio El Desplante en el seno del XLII Festival Nacional del Cante de las Minas, nació en Sevilla, allá por Julio de 1974, para más tarde licenciarse en danza española y diplomarse en ballet clásico, contando con profesores como José Granero, Paco Romero y Ana María Bueno.
En Octubre de 2003 cuando dio un paso decisivo en su carrera: debutar en el Teatro Central con la obra Inmigración, un montaje en que abordó un tema tan universal desde el punto de vista flamenco, con lo que por primera vez se presentaba ante su público con compañía propia.
Diario El Mundo / 10 Marzo 2004
Manuel Martín Martín
032004"Senté a mis padres y les dije: quiero ser bailaora"
El barrio de Nervión, en Sevilla, vio cómo una niña morena bailaba sevillanas por doquier. Bastaron pocos años para que su madre la llevase a perfeccionar sus pasos de baile y sus movimientos de brazos. Ella es María Ángeles Gabaldón. Su profesión es bailaora. Hoy se ha convertido en una de las coreógrafas más jóvenes del escenario flamenco.
Las calles sevillanas la vieron crecer. El barrio de Nervión dejó que jugara sobre sus baldosas cuando era una niña. La Giralda la arropó en sus primeros años de vida. María Ángeles Gabaldón (Sevilla, 1974) es una de las coreógrafas más jóvenes que ha dado la danza española.
Con constancia y tesón, esta sevillana consiguió llevar al escenario el sueño de toda una vida. Esto es, su propia obra, Inmigración. “Era algo que le debía al flamenco y al público que da de comer a los que vivimos de esto”, confesó María Ángeles. “Se lo debemos”, enfatizó.
Con 10 años, la niña de doña Pepa y don Pedro empezó taconeando sus primeras sevillanas en la academia de Puri, quien informó a la madre sobre las destrezas de la chica. María Ángeles compaginó estas clases con el colegio y con su iniciación a los estudios de baile clásico español. “Mi madre siempre se preocupó por que hiciéramos [tiene cuatro hermanos más; ella es la pequeña] actividades extraescolares”, contó la sevillana.
Puri no fue la única persona que dio un toque de atención a doña Pepa. El profe de Gimnasia deportiva de la niña comunicó a sus padres que María Ángeles tenía mucha flexibilidad y que su cuerpo estaba modelado de forma diferente.
Sin duda, la pequeña estaba enseñando sus armas de bailaora. Pronto se lanzó a la piscina y dejó claro a sus progenitores qué es lo que quería ser de mayor. “Senté a mis padres en el sofá y les dije que quería ser bailaora”, dijo.
Esta decisión fue determinante para lo que vino después. Con 18 años, empezó a trabajar en un tablao, en el interior de un barco anclado en el río Guadalquivir. “Era como una puerta muy grande, así que opté por aprender más”, explicó. La niña de Sevilla empezó a dar clases con lo mejorcito del baile. Matilde Coral le enseñó a mover los brazos. Manolo Martín le mostró el gracejo sevillano. La Toná le dio lecciones de cómo manejar los pies.
Después de repartir currículos a diestro y siniestro, Japón llamó a su puerta para que viviese en el continente asiático durante tres meses. Allí conoció la llave que le abrió el portón de Madrid: el amigo que le ofreció asilo. “En la capital me di cuenta de que era más bailaora de flamenco que de clásico”, destacó, “y fue allí donde mi vida dio un giro”.
La sevillana regresó a su tierra con una formación tal que la llevó a ser coreógrafa y directora de su propia compañía: Ángeles Gabaldón. El sueño de la niña de doña Pepa vio la luz. Hoy, representa la obra Inmigración.
Los detalles
LA TRAYECTORIA. La experiencia profesional de María Ángeles arranca en los tablaos de Osaka (Japón), con 20 años. Allí participó en la clausura de la Exposición Universal de Wakayama, en 1993, para viajar después hasta Ciudad de México, en 1995. En 1999, apareció en el Festival Internacional de Música de Perth (Australia) y, en 2000, participó en el de Música y Danza de Estambul (Turquía). Ha formado parte de las compañías de Yoko Komatsubara y de Pilar Távora. Hoy, tiene su propia compañía.
LOS PREMIOS. El palmarés de esta sevillana aumenta cada año. En 1998 y en 2000, Ángeles fue la única mujer que quedó finalista en el concurso de jóvenes intérpretes de la Bienal de Flamenco. En 1999, trabajó para Injuve (Instituto de la Juventud), junto con Estrella Morente, Arcángel y Eva Yerbabuena. En 2002, consiguió el primer premio de baile del Festival Internacional de las Minas de La Unión (Murcia).
JUAN JOSÉ TÉLLEZ. Este periodista (Álgeciras, 1958) especializado en inmigración, narcotráfico y relaciones internacionales es el culpable de que Ángeles Gabaldón hiciese la obra Inmigración. El espectáculo parte del libro de Téllez Moros en la costa (Editorial Debate), en el que el periodista hace una denuncia contra la incomprensión y la intolerancia hacia los inmigrantes.
JAVIER LATORRE. Este coreógrafo valenciano, hijo de inmigrantes y profesor de flamenco, es el autor de tres actos del espectáculo Inmigración que dirige Ángeles.
La inmigración salta al escenario flamenco de la mano de una sevillana de 29 años
Las costas andaluzas se han convertido en una aduana ilegal de pasajeros. El periodista Juan José Téllez retrató esta realidad en el libro Moros en la costa. La compañía de Ángeles Gabaldón ha hecho lo mismo, pero encima de un escenario.
La obra de la sevillana lleva por título Inmigración y su objetivo es concienciar a la ciudadanía del problema de los inmigrantes y del tráfico ilegal de personas. El espectáculo cuenta con la participación de la propia Ángeles y de su variopinta compañía, además del antropólogo Fernando González-Caballos, el coreógrafo Javier Latorre y el guitarrista y compositor Daniel Méndez. No obstante, la lista de colaboradores no termina aquí.
La Orquesta Chekkara de Tetuán, el realizador Yvan Schreck y el escritor Juan José Téllez son otros de los genios que han participado en la organización de este espectáculo multirracial. Además de Moros en la costa, otro de los guías de la obra fue la Universidad de Sevilla. Un grupo de investigación, del que forma parte Fernando González, llegó a un acuerdo con la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía para realizar un trabajo sobre la inmigración.
El hecho de que hace años los españoles emigrasen a otros países empujó a este antropólogo a plantear la posibilidad de llevar esta idea al escenario. La música y la danza se convirtieron en las herramientas necesarias para hacer llegar al público el mensaje de que las personas que llegan a España sin papeles también tienen derechos.
La compañía de Ángeles Gabaldón fue el instrumento que bastó para convertir en realidad un sueño. “Era un proyecto pequeño que empezó a engordar gracias a todos los que hemos hecho posible Inmigración”, destacó la sevillana.
Una compañía hecha a golpe de tacón
Hace dos años, María Ángeles Gabaldón se lanzó a fundar su propia compañía. Gracias al ánimo que le insuflaron sus amigos, esta sevillana se lió la manta a la cabeza y se embarcó en el proyecto de su vida: crear la compañía de Ángeles Gabaldón. “Todo fue como un tren donde la gente empezó a subirse”, explicó la bailaora.
La única diferencia con otras personas, según añadió, es que “ésta está llena de ilusión”. Una veintena de bailarines se apuntó a la iniciativa que Ángeles quería llevar a los escenarios: ‘Inmigración’, y con la que debutaría como coreógrafa y directora de un nuevo grupo de jóvenes talentos.
Ella misma definió a los miembros de su compañía como “una combinación de gente consagrada y gente por descubrir”. Entre ellos, un brasileño, una japonesa, una francesa, un francés, un español que emigró a Alemania, una inglesa de origen africano y un marroquí.
DIARIO EL MUNDO: 5 MARZO 2004
Marisa Recuero
022004"El flamenco se compromete con una obra de denuncia y testimonio"
Al fin, el flamenco se compromete con una obra de denuncia y testimonio. Ya era hora, pues, salvo ocasiones puntuales y esporádicas, este arte parece vivir en otro mundo. Inmigración es dura, cruel, como lo es esa realidad que tenemos a nuestro alrededor, y especialmente a uno y otro lados del Estrecho, y que vemos casi cada día en los telediarios.
Estructurada en varios episodios que reflejan distintos aspectos del tema, fragmentos videográficos actúan como nexos de unión entre ellos y dan una cierta continuidad al relato. En el escenario, bailaores, cantaores, músicos de distintas nacionalidades que interpretan sus respectivos artes de origen, con lo que se insiste aún en el carácter mestizo de la obra. Entre ellos algunos conocidos, como el cantante tetuaní Chekara, partícipe en algún otro encuentro con el flamenco, o la bailaora profesional Nicolia Morris, jamaicana de color.
Inmigración interesa e inquieta. Es un tema que nunca nos dejará indiferentes, y su exposición en los escenarios debe ayudar a que nos concienciemos con un mayor compromiso. El flamenco es arte mestizo y, como tal, tiene recursos expresivos que se identifican fácilmente con este terrible mestizaje de la angustia y la patera, del tráfico de seres humanos. Es un tema que a los flamencos les queda de alguna manera próximo, y de ahí la eficacia que sus intérpretes son capaces de transmitir, aunque la titular de la compañía, Ángeles Gabaldón, me consta que bailó enferma y ya hizo bastante con defender dignamente su parte.
Un nuevo recital de cante de Poveda, en la segunda parte del programa. No quiero ser injusto con nadie, pero me parece que no hay quien sea hoy capaz de cantar así. Al menos, en su generación. Por malagueñas recogiendo la voz y haciendo milagros en los bajos. Por bulerías, que hay que tener valor para atreverse con ese género en Jerez. Por tonás, la voz sola, sin guitarra, ¡pero cuánta música hay en esa voz, en sus silencios! ¡Cuánta maravilla!".
El País. Febrero 2004
Ángel Álvarez Caballero
112003Magazine Flamenco-World: "Vuelve el Flamenco Comprometido"
La fuerza crítica del flamenco irrumpe de nuevo. Tras un paréntesis de varias décadas en el que lo jondo parecía haber olvidado su natural grito de protesta, vuelve la denuncia. Tal atrevimiento es obra de Ángeles Gabaldón, que elige con arrojo esta vía para debutar con compañía propia. 'Inmigración' es un trabajo colectivo con un mensaje unánime: concienciar a la sociedad de la realidad del tráfico ilegal de personas.
Y la vía va a ser un montaje flamenco multimedia en el que participan, además de la bailaora sevillana y su compañía multirracial, el antropólogo Fernando González-Caballos, el coreógrafo Javier Latorre, el guitarrista y compositor Daniel Méndez, la Orquesta Chekkara de Tetuán, el realizador Yvan Schreck y el escritor Juan José Téllez. Juntos buscan que "la obra contribuya a concienciar a todo el mundo y surta efecto como arma cultural".
El tubo de ensayo estaba en territorio universitario. El guionista y director del montaje, Fernando-González Caballos, forma parte de un grupo de investigación de la Universidad de Sevilla que "entra en un acuerdo con la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía para hacer un trabajo sobre la inmigración, un tema de actualidad total en la sociedad mundial y prioritario para Andalucía". El antropólogo comenta que "las costas andaluzas son puerto de llegada de personas que quieren buscarse una nueva vida, una vida mejor, un trabajo. Y buscábamos contrastar esa realidad con cuando los andaluces fueron un pueblo emigrante por necesidad que durante los años sesenta y setenta protagonizaron un importante exilio tanto interior como al extranjero". Y este contraste es el que da pie al guión de la historia: "Los papeles se invierten para que ese pueblo que fue de emigrantes, se convierte en tierra de inmigrantes, un lugar donde ahora viene gente que busca encontrar lo mismo que los andaluces en el pasado". El vehículo expresivo iba a ser "la música andaluza y la expresión cultural de Andalucía, que es el flamenco", enlazada con otras músicas del mundo tales como la india o la andalusí.
Paralelamente, la bailaora sevillana Ángeles Gabaldón daba un espaldarazo a su trayectoria profesional alzándose con el 'Desplante', el premio de baile del Festival de Las Minas de La Unión 2002. Y era el momento de lanzarse en solitario con compañía propia. Ella sería la protagonista de 'Inmigración', suscribiendo un doble compromiso: "Yo aporto al espectáculo, además de mi baile, el ser consciente de la realidad de mi sociedad. Y el sentimiento que me causa cada día verlo... porque lo vemos". Vemos constantemente en los periódicos y los informativos de televisión a los muertos que devuelve el mar: treinta y seis cadáveres llegaron a las playas de Rota tras naufragar una patera el pasado 25 de octubre de 2003. Vemos sus caras de terror cuando la policía sale a su encuentro, sus rostros entre agradecidos y temerosos cuando Cruz Roja les presta asistencia en Tarifa, su deambular por las cunetas de las carreteras de las poblaciones agrícolas de Almería, sus carreras por el centro de Madrid con los hatillos de discos ilegales al hombro para esquivar a la autoridad... Los vemos.
Y cada uno de los miembros del equipo de 'Inmigración', una combinación de "gente consagrada y gente por descubrir", quiere manifestar su rechazo a la ceguera. "Tenemos la colaboración de muchos inmigrantes: un brasileño (Fernando Lima, director escénico), una japonesa (Eri Fukuhara), una francesa (Chloé Dauphin), un francés (François Soumah), un español que emigró a Alemania (José Carlos Morales, socio de Taller Flamenco, entidad productora del espectáculo), una inglesa de origen africano (Nicolia Morris), un marroquí (Jallal Chekkara)... Todos tienen conciencia del tema". A ellos se suman en el reparto los bailarines Lourdes Recio y Fani Fuster, la regidora Belén Candil y los técnicos José Luis Álvarez (sonido) y Juan Luis Domínguez (luces).
Juan José Téllez, periodista y escritor gaditano al que se le han encomendado las letras, afirma que "partimos del planteamiento político de que tres cuartas partes del mundo no puede estar sometida al resto". Y defiende que "la inmigración no puede traducirse sólo en la palabra 'problema', sino en cultura, en armonía, en nuevos ritmos, en mestizaje". Además, apela "a la memoria de España, que fue pueblo emigrante". Y de ello sabe largo Téllez, pues es autor del genial ensayo 'Moros en la costa' (Debate) -prologado por José Saramago-, que sirvió de inspiración a González-Caballos para enjaretar la narración.
En la misma línea se pronuncia Javier Latorre, coreógrafo de tres actos del espectáculo: "¿Quién viendo esas imágenes carece de alma para no implicarse?". Y en el trabajo que le han encomendado dice haber "aplicado sus conocimientos a un 'collage' de escenas, cada una de las cuales tiene un nombre y cuenta algo distinto relacionado con la inmigración": 'Fin de año en el exilio', 'La Odisea' y 'Vivir para contarlo'. Latorre, cuya familia también ha sido inmigrante, añade que "una de ellas provocan la memoria perdida en un país de nuevos ricos, una Navidad de españoles en Alemania, que tiene un carácter tragicómico; otra es una escena de continuación no argumentada, abstracta, basada en los sentimientos que canta Jallal Chekkara, es el lamento del inmigrante que no consigue cruzar y que allí es rechazado al volver". En definitiva, es su deseo "que la obra contribuya a concienciar a todo el mundo y surta efecto como arma cultural".
Quizás por multiplicar su efectividad, la obra es multimedia. Como señala Téllez, "todos los recursos que tenemos los vamos a poner en escena". Y ello supone para González-Caballos "casar las experiencias que he tenido hasta ahora: la musical y la del audiovisual, juntándolo todo en un espectáculo teatral multimedia, tratando de utilizar el máximo de vías posibles para tratar de sensibilizar al público".
Como eje está el baile. Ángeles Gabaldón se enorgullece de contar "con un equipo de coreografía interesante", formado por un bailarín contemporáneo; por Javier Latorre, "responsable último de la coreografía porque además de montar varios actos va a coser todo el espectáculo"; por Marcos Vargas, "ayudante de coreografía que va a firmar la soleá"; y por ella misma, autora de 'Comprando la libertad' y 'El silencio'. De la labor de todos ellos surge un primer acto que mezcla jaleos extremeños con villancicos flamencos, que tratan "de mirar la historia, con una celebración en comunidad"; un segundo acto, preludiado por una milonga instrumental, que es una soleá y "expresa la soledad que puede sentir una persona fuera de su país", mediante un paso a tres con dos bailaores andaluces y un negro que "representa también la lucha por la integración en el nuevo colectivo". El siguiente número es "el taranto 'Comprando la libertad', que representa el trabajo duro que normalmente hacen los emigrantes, ocupando los puestos más bajos".
A continuación, está el vídeo central, obra de González-Caballos y el realizador Yvan Schreck, autores del documental del viaje de La Paquera a Japón titulado 'Por oriente sale el sol'. El material audiovisual es, en parte, grabado por Schreck y, en parte, "cedido por la productora de Paco Lobatón, que nos va a ceder todo el archivo audiovisual de su programa 'Sin Fronteras' que emite Canal Sur". Las imágenes van acompañadas por la música de la Orquesta Chekkara que, por su experiencia con Enrique Morente, Arcángel y Segundo Falcón, "conoce muy bien el lenguaje del flamenco". A propósito de la música, por una parte, suenan composiciones hechas ex profeso para la obra, como ésta del grupo marroquí, las de Keko Baldomero y las del guitarrista moronero Daniel Méndez, que toca en las compañías de Antonio Canales y Javier Latorre. El director de la obra vaticina que "después de este trabajo, Dani va a salir engrandecido, pues está descubriéndose a sí mismo, encontrando muchas cosas. Y creo que se va a descubrir un compositor genial". Por otra parte, se hace uso de la música enlatada, recurriendo al grupo de flamenco blues Pata Negra, "porque no queremos que en ningún momento la narración decaiga, que fluya como una película".
El 'the end' será de doble cara: "El retorno afortunado que se puede celebrar por bulerías y, por el contrario, el martinete y la seguiriya como retorno sin vida". Ángeles Gabaldón acometerá este desenlace en solitario, acompañada por el cante de Manuel Lombo, "representando la sociedad que le da la espalda a esa realidad y mientras se proyectan imágenes duras de apresamientos, de muertes... bailo con los ojos vendados, pues la sociedad te vela los ojos y, aunque quieras escuchar, hay veces que no te cuentan, te lo dan filtrado. No es tanto un engaño como un decirnos que no quieren que veamos más". Y contra esta imposición quiere alzar su voz, su voz que calla para ceder la expresión a su cuerpo, pues "hacía falta en el flamenco hacer arte social. Es importante para los artistas expresar lo que sentimos. Y tenemos mucho que decir en esta sociedad".





