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DEFLAMENCO
Viento del Desierto
Kiko Valle
Llega el momento de
acabar con la intriga. Bajo el título de Harmattan se esconde un
formidable montaje que había conseguido crear una enorme
expectación en el público. Seis artistas jóvenes se reparten el
escenario conjugando frescura y una agradable mezcla de sabores
musicales de procedencias distintas. Bien conocidos son ya los
experimentos del flamenco con la música andalusí, pero sorprende
este nuevo encuentro por la naturalidad con la que conviven y la
perfecta compenetración entre los músicos.
Abre el programa la rumba y comienza la arriesgada apuesta de
sostener un espectáculo básicamente instrumental. Jallal
Chekkara alza su quejío árabe, “profundamente flamenco”, y hace
sonar el violín como si estuviera improvisando cada nota.
Arremete la seguiriya sentida y llora la guitarra de Daniel
Méndez, que encaja con maestría en composiciones con ciertos
matices modernos. Las melodías creadas por este moronense
traspasan con creces los límites de un simple aficionado.
Una sonanta dulce, limpia, sin excesivos alardes de virtuosismo,
que deja para la ocasión oportuna las filigranas con las que
otros adornan cada segundo de música. Memorable su breve
interpretación con el laúd al Compás nazarí, gratificada luego
con los aplausos impacientes de un público agradecido.
Antes, un solo de percusión donde tienen lugar los lucimientos
de Antonio Montiel y especialmente el de la bailaora negra
Nicolia Morris. Felipe Mato queda a la sombra, ante la
impresionante figura de Nicolia, que arrasa en las tablas con
sus contoneos raciales, el gesto y la forma de mover los brazos,
amén de la sensualidad que rebosa y la fuerza con la que clava
sus tacones en el suelo.
Tras los jaleos que ya interpretara Daniel en el espectáculo
Inmigración, David Palomar se atreve con un bolero, quizás
animado por el éxito que han tenido Diego “El Cigala” y Bebo
Valdés. No consigue grandes proezas pero el publico lo valoró:
no coincidimos en los pareceres. Luego unos magníficos tangos,
la soleá y el fin de fiestas por bulerías: Caliche, capota y
alcayata. Muy graciosa la pataíta de Montiel. Un derroche de
arte.
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