DIARIO EL MUNDO: 5 MARZO 2004
“Senté a mis padres y les dije: quiero ser bailaora”  
Marisa Recuero

El barrio de Nervión, en Sevilla, vio cómo una niña morena bailaba sevillanas por doquier. Bastaron pocos años para que su madre la llevase a perfeccionar sus pasos de baile y sus movimientos de brazos. Ella es María Ángeles Gabaldón. Su profesión es bailaora. Hoy se ha convertido en una de las coreógrafas más jóvenes del escenario flamenco. 

Las calles sevillanas la vieron crecer. El barrio de Nervión dejó que jugara sobre sus baldosas cuando era una niña. La Giralda la arropó en sus primeros años de vida. María Ángeles Gabaldón (Sevilla, 1974) es una de las coreógrafas más jóvenes que ha dado la danza española.

Con constancia y tesón, esta sevillana consiguió llevar al escenario el sueño de toda una vida. Esto es, su propia obra, Inmigración. “Era algo que le debía al flamenco y al público que da de comer a los que vivimos de esto”, confesó María Ángeles. “Se lo debemos”, enfatizó.

Con 10 años, la niña de doña Pepa y don Pedro empezó taconeando sus primeras sevillanas en la academia de Puri, quien informó a la madre sobre las destrezas de la chica. María Ángeles compaginó estas clases con el colegio y con su iniciación a los estudios de baile clásico español. “Mi madre siempre se preocupó por que hiciéramos [tiene cuatro hermanos más; ella es la pequeña] actividades extraescolares”, contó la sevillana.

Puri no fue la única persona que dio un toque de atención a doña Pepa. El profe de Gimnasia deportiva de la niña comunicó a sus padres que María Ángeles tenía mucha flexibilidad y que su cuerpo estaba modelado de forma diferente.

Sin duda, la pequeña estaba enseñando sus armas de bailaora. Pronto se lanzó a la piscina y dejó claro a sus progenitores qué es lo que quería ser de mayor. “Senté a mis padres en el sofá y les dije que quería ser bailaora”, dijo.

Esta decisión fue determinante para lo que vino después. Con 18 años, empezó a trabajar en un tablao, en el interior de un barco anclado en el río Guadalquivir. “Era como una puerta muy grande, así que opté por aprender más”, explicó. La niña de Sevilla empezó a dar clases con lo mejorcito del baile. Matilde Coral le enseñó a mover los brazos. Manolo Martín le mostró el gracejo sevillano. La Toná le dio lecciones de cómo manejar los pies.

Después de repartir currículos a diestro y siniestro, Japón llamó a su puerta para que viviese en el continente asiático durante tres meses. Allí conoció la llave que le abrió el portón de Madrid: el amigo que le ofreció asilo. “En la capital me di cuenta de que era más bailaora de flamenco que de clásico”, destacó, “y fue allí donde mi vida dio un giro”.

La sevillana regresó a su tierra con una formación tal que la llevó a ser coreógrafa y directora de su propia compañía: Ángeles Gabaldón. El sueño de la niña de doña Pepa vio la luz. Hoy, representa la obra Inmigración.

Los detalles

LA TRAYECTORIA. La experiencia profesional de María Ángeles arranca en los tablaos de Osaka (Japón), con 20 años. Allí participó en la clausura de la Exposición Universal de Wakayama, en 1993, para viajar después hasta Ciudad de México, en 1995. En 1999, apareció en el Festival Internacional de Música de Perth (Australia) y, en 2000, participó en el de Música y Danza de Estambul (Turquía). Ha formado parte de las compañías de Yoko Komatsubara y de Pilar Távora. Hoy, tiene su propia compañía.

LOS PREMIOS. El palmarés de esta sevillana aumenta cada año. En 1998 y en 2000, Ángeles fue la única mujer que quedó finalista en el concurso de jóvenes intérpretes de la Bienal de Flamenco. En 1999, trabajó para Injuve (Instituto de la Juventud), junto con Estrella Morente, Arcángel y Eva Yerbabuena. En 2002, consiguió el primer premio de baile del Festival Internacional de las Minas de La Unión (Murcia).

JUAN JOSÉ TÉLLEZ. Este periodista (Álgeciras, 1958) especializado en inmigración, narcotráfico y relaciones internacionales es el culpable de que Ángeles Gabaldón hiciese la obra Inmigración. El espectáculo parte del libro de Téllez Moros en la costa (Editorial Debate), en el que el periodista hace una denuncia contra la incomprensión y la intolerancia hacia los inmigrantes.

JAVIER LATORRE. Este coreógrafo valenciano, hijo de inmigrantes y profesor de flamenco, es el autor de tres actos del espectáculo Inmigración que dirige Ángeles.

La inmigración salta al escenario flamenco de la mano de una sevillana de 29 años

Las costas andaluzas se han convertido en una aduana ilegal de pasajeros. El periodista Juan José Téllez retrató esta realidad en el libro Moros en la costa. La compañía de Ángeles Gabaldón ha hecho lo mismo, pero encima de un escenario.

La obra de la sevillana lleva por título Inmigración y su objetivo es concienciar a la ciudadanía del problema de los inmigrantes y del tráfico ilegal de personas. El espectáculo cuenta con la participación de la propia Ángeles y de su variopinta compañía, además del antropólogo Fernando González-Caballos, el coreógrafo Javier Latorre y el guitarrista y compositor Daniel Méndez. No obstante, la lista de colaboradores no termina aquí.

La Orquesta Chekkara de Tetuán, el realizador Yvan Schreck y el escritor Juan José Téllez son otros de los genios que han participado en la organización de este espectáculo multirracial. Además de Moros en la costa, otro de los guías de la obra fue la Universidad de Sevilla. Un grupo de investigación, del que forma parte Fernando González, llegó a un acuerdo con la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía para realizar un trabajo sobre la inmigración.

El hecho de que hace años los españoles emigrasen a otros países empujó a este antropólogo a plantear la posibilidad de llevar esta idea al escenario. La música y la danza se convirtieron en las herramientas necesarias para hacer llegar al público el mensaje de que las personas que llegan a España sin papeles también tienen derechos.

La compañía de Ángeles Gabaldón fue el instrumento que bastó para convertir en realidad un sueño. “Era un proyecto pequeño que empezó a engordar gracias a todos los que hemos hecho posible Inmigración”, destacó la sevillana.

Una compañía hecha a golpe de tacón

Hace dos años, María Ángeles Gabaldón se lanzó a fundar su propia compañía. Gracias al ánimo que le insuflaron sus amigos, esta sevillana se lió la manta a la cabeza y se embarcó en el proyecto de su vida: crear la compañía de Ángeles Gabaldón. “Todo fue como un tren donde la gente empezó a subirse”, explicó la bailaora.

La única diferencia con otras personas, según añadió, es que “ésta está llena de ilusión”. Una veintena de bailarines se apuntó a la iniciativa que Ángeles quería llevar a los escenarios: ‘Inmigración’, y con la que debutaría como coreógrafa y directora de un nuevo grupo de jóvenes talentos.

Ella misma definió a los miembros de su compañía como “una combinación de gente consagrada y gente por descubrir”. Entre ellos, un brasileño, una japonesa, una francesa, un francés, un español que emigró a Alemania, una inglesa de origen africano y un marroquí.

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