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Diario de Sevilla / 7th of May 2004
El Arte del Ritmo Sosegado
Juan Vergillos
Se ha encontrado la originalidad de un repertorio inhabitual. El
espectáculo se presenta pulcro, sin ciertos excesos. Sin abusar
de las subidas de ritmo. Transcurre con el ritmo sosegado del
arte de Gabaldón. Despacio, sin sobresaltos. Con la emoción
controlada. Distante y suave, sutil, seguro.
Muy elegante. La titular intervino tres veces. Tres estilos poco
frecuentes. La zambra abrió la noche. El ritmo caracolero
llevado hasta la mismísima emulación de su dúo clásico,
Flores-Caracol, que dio nombre a un anís de Rute. Aquí Caracol
es Palomar, que puesto en pie le canta con las manos crispadas.
Aquí Flores en una Gabaldón más dinámica y escurridiza de lo que
estamos acostumbrados a verle. Gabaldón-aldabonazo en la
farruca, ese baile de hombre. Los giros de muñeca hacia fuera.
Las figuras, exactas. Los silencios. Un amplio despliegue
técnico, incluido el largo zapateado. Y la petenera: el amarillo
para exorcizar el gafe. El manto. La bata de cola. Más clásico
imposible. Estilizadísima. Serenísima. Más reticente que nunca.
La emoción contenida. La emoción del mantón sobrevolando la
escena. La bata de cola transformada en un ser vivo, dinámico.
Una de las más interesantes bailaoras de nuestro tiempo. Sobria,
si. Sobria.
Fuster vino del norte a bailar la serrana. Vestirla de nuevo, de
limpio. Actualizarla. Incorporar pasos nuevos, aires nuevos.
Hizo un baile pleno de dramatismo y con remates muy
sentimentales. Un atrevimiento que remató, a ritmo, con la
seguiriya de María Borrico. Volvió en el fin de fiesta para
demostrar que sobre el drama, también le sobra frescura y para
enfrentarse a los “dos hombres a la vez” al ritmo del Corazón
loco, del clásico bolero en la voz de Palomar. Los hombres, que
ofrecieron un paso a dos frenético, sobrado de compás y técnica.
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